Sábanas, camisetas, ropa interior y calcetines están hechos de algodón, pero ¿de dónde procede? El algodón es una fibra vegetal de origen natural: se obtiene de la borra que crece alrededor de la semilla de la planta del algodón. A escala mundial, cada año se producen nada menos que 18 millones de toneladas de fibra de algodón. Pero solo el 0,7 % de este algodón es orgánico. El 99,3 % es algodón convencional, cultivado mediante el uso de herbicidas y pesticidas. Después del arroz, el maíz, el tomate y el trigo, el algodón ocupa uno de los primeros puestos de la clasificación de las plantas más cultivadas del mundo. El algodón que utilizamos a diario se produce principalmente en China y la India. En las regiones donde se encuentran las plantaciones intensivas de algodón, el impacto sobre el medio ambiente es considerable. Por supuesto, no basta con afirmar que el algodón orgánico (o biológico, como se prefiera) es mejor. En este breve artículo queremos descubrir por qué, comprendiendo en concreto cuál es la diferencia entre ambos tipos. ¿Qué significa dormir envuelto en sábanas de algodón orgánico? ¿Qué cambia con respecto a las sábanas de algodón producido de forma convencional?
La técnica de cultivo convencional del algodón
No nos hagamos ilusiones: la técnica de cultivo convencional del algodón no es muy respetuosa con el medio ambiente. Este cultivo ocupa aproximadamente el 2,4 % de la superficie total de tierras cultivadas del mundo, pero utiliza el 6 % de los pesticidas y el 16 % de los insecticidas a escala mundial. En cuanto a la seguridad del uso de algunos de estos principios activos, varios de los cuales están clasificados como especialmente peligrosos por la propia OMS, a menudo no existen certezas suficientes.
El algodón se recoge con grandes cosechadoras. Sus principales productores mundiales son la India, seguida de China y Estados Unidos. El uso prolongado de técnicas de agricultura industrial empobrece el suelo. Pero su utilización en la industria textil representa un mercado floreciente, de 37.000 millones de dólares al año. Estas cifras dan una idea del considerable impacto que el algodón puede tener sobre el planeta, por no hablar de su papel a nivel económico y social.
Además, es necesario saber que el algodón convencional también exige mucho desde el punto de vista hídrico: se necesitan 5.260 litros* para producir un kilo de algodón (*fuente: CNRS). Para que os hagáis una idea, un par de vaqueros de algodón que cuesta unas pocas decenas de euros requiere de media 7.500 litros de agua - es decir, 50 bañeras llenas, para producirse.
A menudo se utilizan metales pesados como el plomo o el cromo para teñir el algodón. Volviendo a esos pantalones que muchos llevamos, añadamos que 1 kg de pigmento utilizado para teñir un par de vaqueros requiere mucho aceite, disolventes y 1000 litros de agua. Se trata de una mezcla de productos químicos tóxicos necesaria para blanquear, teñir y dar el acabado a un par de vaqueros. Además, también existe el problema de la deslocalización completa de las fases de producción. Dentro de la dinámica de los mercados de la moda low-cost, a menudo los vaqueros recorren decenas de miles de kilómetros por todo el mundo para ser coloreados, lavados y envejecidos en las distintas áreas de producción, situadas a miles de kilómetros unas de otras, antes de llegar a las estanterías de las tiendas.
En conjunto, se produce un daño ambiental en ríos, lagos, mares y ecosistemas enteros, como cuenta el documental The RiverBlue: Can Fashion Save the Planet? de Roger Williams y David McIlvride. Rodado en China, Bangladés y la India, muestra cómo en todo el continente asiático el 70 % de los ríos y lagos están contaminados por los 11,3 mil millones de litros de aguas residuales producidas por la industria textil, dentro de procesos de producción que en su mayoría no están regulados. Como consecuencia final para los seres humanos, las poblaciones que viven cerca de estas cuencas hidrográficas - y se abastecen de ellas, sufren una alta incidencia de cáncer, problemas gástricos y cutáneos.
La técnica de cultivo ecológico del algodón orgánico
Ante esta constatación, con la aparición del algodón orgánico se ha desarrollado una agricultura más verde y menos perjudicial para el medio ambiente. Pero ¿de qué manera el cultivo ecológico representa una solución para producir de forma más respetuosa con el medio ambiente? ¿Cuál es el significado económico y ambiental del algodón orgánico? Estas son algunas de las diferencias entre el cultivo convencional y el ecológico del algodón.
Trabajar la tierra de forma más sostenible significa integrarse de manera razonada en un ecosistema. Si la agricultura industrial explota intensivamente los recursos hídricos - provocando el agotamiento de las aguas subterráneas, el método ecológico tiene un consumo de agua bastante reducido. Se basa en enriquecer el suelo y aumentar su capacidad para retener el agua de lluvia.
Por un lado, monocultivos, herbicidas agresivos y pesticidas utilizados a menudo sin control, al límite de lo permitido por la ley. Por otro, rotación de cultivos, fertilización natural, respeto y aprovechamiento de la biodiversidad.
Volviendo a la cadena de producción del algodón, cuando se pasa del campo a la fábrica, en el ámbito industrial comienzan a utilizarse sustancias químicas tóxicas para la salud humana con el fin de facilitar las distintas fases de elaboración del hilo y los tejidos. El cloro, el cromo y otros metales pesados intervienen en los procesos industriales de elaboración del algodón, especialmente en las fases de blanqueado, recubrimiento e impresión. En el ámbito ecológico y orgánico, por el contrario, está prohibido utilizar sustancias tóxicas. Se emplean peróxidos químicos y pigmentos de base acuosa.
Los datos sólidos hablan por sí solos: el impacto del cultivo ecológico del algodón sobre el cambio climático se reduce en un 46 %. A lo largo de todo su ciclo de producción, un objeto fabricado con algodón orgánico necesita un 62 % menos de energía para producirse que el mismo objeto fabricado con algodón convencional.
El sector textil ecológico crece a un ritmo vertiginoso: cada año se registran un 10 % más de empresas que certifican sus productos con certificaciones GOTS.
Impacto sobre el agua: manejar las fuentes con cuidado
1 camiseta = 70 duchas, 1 par de vaqueros = 50 baños: cuando se sabe que la India y China, los principales productores de algodón, también son dos países con graves problemas de acceso al agua dulce, la cuestión resulta alarmante.
Se han presentado distintas cifras para comparar las diferencias de consumo de agua entre el algodón convencional y el orgánico. Sin embargo, no es fácil dar una cifra exacta sobre el ahorro conseguido: depende del método de comparación y del tipo de cultivos comparados (con riego o sin él). La referencia más citada es la del informe Textile Exchange The Life Cycle of Organic Cotton Fiber de 2014. En él se analiza la evolución de la producción anual de algodón en la India, China, Estados Unidos, Turquía y Tanzania. El informe muestra que el cultivo de algodón orgánico utiliza un 91 % menos de agua que el método de cultivo del algodón convencional.
Hay que saber interpretar estos datos - como señala Mars-Elle en su artículo, existen algunas imprecisiones. De un país a otro y de una zona geográfica a otra, por ejemplo, las tasas de infiltración del suelo y los niveles de precipitaciones pueden ser muy diferentes. Además, los datos sobre las tasas de riego de estas mismas zonas no se indican con precisión. Sobre todo cuando sabemos que, en realidad, el agua de lluvia rara vez es suficiente para regar los campos y que el agua debe desviarse de ríos, lagos y aguas subterráneas.
Por otro lado, está el informe de 2016 de WWF y C&A, que evalúa el consumo total de agua para el cultivo de algodón convencional y orgánico en distintas explotaciones agrícolas de diferentes regiones de la India (cosechas de 2013 y 2014). ¿El resultado? La huella hídrica sería 25 veces mayor en el cultivo de algodón convencional que en el de algodón orgánico.
¿El problema?
Aunque este estudio es más preciso que el anterior, las zonas estudiadas requieren poco o ningún riego, lo que difícilmente representa a los campos de algodón convencionales.
En términos generales, basándose en estos dos estudios, puede decirse que el cultivo de algodón orgánico es menos intensivo en cuanto a la demanda de agua que el algodón convencional. No obstante, prestad atención a la hora de citar vuestras fuentes, leed atentamente los informes y tened en cuenta los métodos utilizados
No, el algodón orgánico no siempre es blanco como una sábana
Al producir y consumir de otra manera, descubrimos muchas cosas maravillosas. En particular, el algodón que imaginamos de un blanco inmaculado solo es blanco porque a menudo se blanquea con decolorantes y tintes. En realidad, en su estado original, el algodón es bastante crudo y presenta distintas tonalidades, entre el beige y el gris.
Ahora echemos un vistazo más de cerca al ciclo de vida del algodón antes de que termine en tu colchón o en tu funda de almohada Kipli.
Cuando florece, las cápsulas de los frutos se abren. Aparece una perla blanca. Este es el momento en que se recoge el algodón y se prensa en una gran bala con la prensa correspondiente, antes de separar la fibra de algodón de los residuos. Sin embargo, en los tejidos sin blanquear, los residuos permanecen visibles como pequeños puntos de diferente coloración. No hay ningún problema, se trata simplemente de tonalidades propias de la naturaleza del algodón.
Después de todo, esto es lo que hace que nuestros colchones y almohadas sean tan fascinantes, ¿no? Puedes enviarnos una foto de tu almohada a hello@kipli.com si observas estos pequeños puntos, y podremos confirmar si realmente son caprichos de la naturaleza.
¿Cómo puedo saber si mi ropa de cama se ha fabricado realmente con algodón orgánico?
GOTS y OCS, ¿qué significan las etiquetas relacionadas con el algodón orgánico?
El Global Organic Textile Standard, GOTS, es el principal estándar de procesamiento de tejidos orgánicos del mundo. El estándar GOTS garantiza que el algodón de un producto se haya cultivado de forma ecológica. La certificación GOTS parte de lo que sucede después de que la materia prima haya salido de las instalaciones originales de producción y sigue el algodón a través de la cadena de suministro para garantizar que la ropa, las sábanas, las toallas, los muebles y otros artículos de algodón orgánico sean saludables, estén bien fabricados y cumplan estrictos criterios de calidad social y ambiental.
Los productos de algodón orgánico Kipli también están certificados por Textile Exchange OCS - Organic Content Standard, una garantía independiente sobre el contenido orgánico de tejidos, vestidos, prendas y accesorios, así como una garantía adicional de trazabilidad desde el origen. Se trata de un estándar ecológico ampliamente reconocido en todo el mundo, que garantiza que los productos se hayan fabricado en condiciones de trabajo ecológicas y socialmente responsables. En otras palabras, detrás del Organic Content Standard existe una apuesta por el uso responsable de los recursos y por elegir procesos de producción que tengan el menor impacto posible sobre las personas, los animales, las plantas y el planeta.
Esto es todo lo que hay que saber sobre la certificación OCS, uno de los mejores estándares de certificación para el sector textil.
Atención al greenwashing… no existen otras certificaciones fiables además de GOTS y OCS. Por ejemplo, si encontráis algo como "Sustainable Cotton" en la etiqueta de un producto, el algodón utilizado no será necesariamente orgánico.
En conclusión, ¿existen límites para la producción de algodón orgánico?
Menor consumo de agua, menos problemas de salud, un enfoque más ecológico y sostenible... El algodón biológico orgánico tiene un impacto mejor que el algodón convencional, pero por sí solo no basta.
El algodón orgánico sigue siendo algodón y, por tanto, un cultivo con un elevado consumo de agua. Así que, para reducir el uso de este valioso recurso natural, recordemos siempre aplicar algunas reglas de sentido común. Intentemos cambiar gradualmente nuestros modelos de consumo y comprar menos productos de mayor calidad para que puedan durar más tiempo.


